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16/07/2020 / Jorge Hernández López

La cubierta de pizarra natural preserva el lenguaje pirenaico

Sallent de Gállego es un pueblo que se enclava en el corazón del Pirineo aragonés, dentro de la reserva de la Biosfera Ordesa-Viñamala. Aquí se cuida al detalle la conservación de los materiales y las formas de construcción tradicionales, como en el diseño de esta casa integrada en el entorno gracias, entre otras cosas, a su cubierta de pizarra natural.

 

Las relaciones de proximidad han sido determinantes a la hora de la construcción. Desde la utilización de los materiales tradicionales de la zona, como pizarra, piedra y madera, a la interacción personal entre los diez miembros de la cooperativa que impulsaron el proyecto y las dos arquitectas a cargo.

La pizarra se ha utilizado en las cubiertas del Pirineo desde hace siglos. Esta marcada tradición se sigue en las nuevas edificaciones del Valle de Tena sin necesidad de imponer la normativa urbanística.

“Es un material que funciona muy bien, hay muchos gremios locales especializados en su instalación y mantenimiento. Es el material por excelencia en el valle”, explica la arquitecta Marta Badiola, miembro del colectivo Ensalada Works y coautora del proyecto.

La casa está situada en el casco histórico del pueblo, sobre los terrenos de dos estrechas y alargadas huertas que pertenecían a familias distintas. La peculiar topografía de la calle fue otro de los condicionantes antes de dar con el diseño definitivo.

A pesar de que hay diez apartamentos distintos y personalizados, desde el exterior se observan dos volúmenes complementarios, ya que el edificio está quebrado en altura y en fachada. Esta sensación óptica se ha reforzado con la utilización de dos tipos de pizarra natural: uno completamente rectangular y otro de media circunferencia.

“En la parte de atrás de las balconadas, como hay una cenefa de arriba abajo de pizarra, se aprecia muy bien. Un profesional y cualquiera que sepa verlo se da cuenta muy rápidamente, el problema es para los profanos, que lo ven todo negro”, afirma Aurelio Blanco, colocador en el proyecto y que cuenta con más de 30 años de experiencia en el Pirineo.

 

Condiciones climáticas

La nieve, el hielo y los aires de alta montaña condicionan la construcción de las cubiertas en el Pirineo, por lo que la fiabilidad prima sobre diseños más atrevidos. La pizarra es la opción perfecta que aúna rendimiento y plasticidad visual.

“Es un material que envejece muy bien, es inalterable a lo largo del tiempo”, señala la arquitecta del estudio NRA Nuria Ramos, coautora del proyecto. “Esto es un valor añadido, con un clima tan extremo con nieve durante muchos meses al año, tener un material tan resistente y compacto es una de las cualidades que más valoro”, recalca.

Para Aurelio Blanco, “una pizarra de calidad da mucho juego en cubierta, puedes hacer cosas que no podrías con chapa, por supuesto, ni con teja porque jugamos con tejados muy inclinados y la pizarra te deja ejecutar trabajos que sería imposible con otro material. La pizarra es señorial como piedra”.

Las condiciones meteorológicas de la zona obligan a que los tejados de montaña tengan más inclinación, por lo que están muy a la vista y forman parte del paisaje rural. Los materiales como la pizarra se integran armoniosamente en el entorno natural.

El color negro es difícil de encontrar en la naturaleza. Los paisajes montañosos que todos guardamos en la cabeza tienen una gama cromática amplia donde puede haber zonas oscuras o sombreadas, pero difícilmente el negro absoluto.

Tampoco la pizarra es solamente negra. Según la hora del día y el grado de iluminación regala cambios de pigmentación naturales, creando exclusivos juegos de luz imposibles de recrear con cualquier material artificial de cubierta.

“A la gente le gusta la estética. Lo que quieren cuando van a los Pirineos es encontrarse con una casa de montaña, sentir que están en el Pirineo y no en Madrid, por ejemplo. La pizarra está ligada visualmente a todos estos pueblos. No había duda en la elección de la pizarra”, reconoce Nuria Ramos.

La pizarra utilizada en esta vivienda es Cupa 4 Natural 40x20 con dos formas distintas -redonda y rectangular- para crear la sensación de dos bloques. Cada una de ellas es tallada a mano y seleccionada desde la Cantera Armadilla de Cupa Pizarras en Benuza (León), que lleva en explotación desde 1968.

Esta pizarra se caracteriza por su tono negro-azulado y su textura lisa. El minucioso control llevado a cabo durante todo el proceso de producción por Cupa Pizarras, líder mundial en el sector, garantiza la calidad de todas las pizarras que salen de sus canteras.

La pizarra natural es un producto completamente ecológico ya que no necesita ningún tratamiento artificial: desde su extracción en la cantera apenas necesita el tallado manual que realizan los expertos para obtener las características piezas laminadas que se colocan en las cubiertas y fachadas.

 

Tradición local

Todo el proyecto se ha llevado a cabo pensando en la tradición local para preservar la artesanía y el saber hacer de la zona. Además de los materiales, también las empresas elegidas para plasmar la idea son de poblaciones cercanas. De esta manera se reduce también el impacto de la construcción en el entorno y aumenta la sostenibilidad.

“Todo lo que hemos hecho ha sido buscando gremios locales, una producción muy local”, resalta la arquitecta Marta Badiola. “Llevamos tiempo trabajando en la zona, por eso surge también la confianza. Hay una tradición histórica arquitectónica que respetar”, afirma.

La piedra utilizada en la fachada es de las canteras del pre-Pirineo, igual que la madera utilizada para la cubierta y los forjados, un trabajo realizado por empresas locales. “Todo esto siempre es un punto a favor estés donde estés: construir con los materiales que te ofrece la zona”, resume Nuria Ramos.

Estas directrices fueron asumidas desde el principio por los diez propietarios del edificio, que colaboraron también en el proceso de toma de decisiones del volumen y de sus apartamentos individuales.

La vida en los pueblos trae consigo un alto grado de relaciones personales. Este ha sido el camino que han seguido los 10 integrantes de la cooperativa, que a través de una estrecha colaboración entre ellos y con las arquitectas han logrado un diseño individualizado en sus viviendas pero que mantiene la coherencia global.

Sallent de Gállego es un pequeño pueblo de poco más de 1.000 habitantes, que gracias a su privilegiado enclave pirenaico y cercano de algunas de las pistas de esquí más visitadas del país es un destino habitual de turistas. Sin embargo, sus habitantes cuidan con mucho detalle la manera de compaginar estas actividades comerciales con la preservación de sus esencias.

La huella de la tradición se mantiene en los valles pirenaicos gracias a la utilización de los mismos materiales desde tiempos inmemoriales. Las cubiertas de pizarra forman parte de este paisaje desde que hay registros y lo seguirán haciendo porque no hay ningún material que pueda igualar sus prestaciones y su estética.

Datos del autor
Nombre Jorge Hernández López
Empresa Cupa Pizarras
Cargo Responsable de Comunicación
Biografía
Art. Online
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