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26/02/2020 / Carlos Castro Marín

La función de la envolvente en los edificios

El término envolvente se usa en construcción para referirse a la superficie envolvente, “membrana” o “piel” construida que separa el interior del edificio del exterior en que se sitúa, “filtrando” las condiciones de ese exterior. Obviamente las condiciones del interior y el exterior son distintas, y las exteriores raramente son compatibles con el bienestar de las personas. De ahí la necesidad de un filtro técnico que aprovechará lo beneficioso de las condiciones exteriores, evitando a la vez lo perjudicial, cuidando así del bienestar de los que habitan el edificio. Además separarse del exterior permite el objetivo también básico de lograr privacidad. 'Last but not least', esa superficie envolvente es literalmente un texto, escrito en la lengua de la arquitectura, que puede comunicar y expresar todo lo humano.

La función de filtro técnico es la que nos atañe en Danosa, puesto que fabricamos productos y proporcionamos soluciones constructivas con las que satisfacerla de la forma más duradera posible, valga también por sostenible. De ahí que esa función tenga un objetivo principal, en la visión de Danosa, y es “un pacto con la naturaleza para vivir en armonía”. Si lo meditamos bien, la “naturaleza” es ese exterior proclive casi siempre a carecer de armonía, por no decir a ser inhóspito. Entonces, el “pacto” con esa naturaleza exterior lo realizamos mediante el “filtro” de armonía y bienestar de que nos provee la envolvente, esa “piel que habitamos”, rememorando cierta famosa película española. En cierto modo, nos “arropamos” y “vestimos” también con los edificios.

La piel de nuestros propios cuerpos es fina, por más grasa subcutánea que haya. En este sentido, se pondera a veces en los edificios antiguos la inercia térmica elevada alcanzada con la gran masa de materiales que los suelen conformar: gruesos muros de carga, sean de adobe, de piedra, de ladrillo, o de hormigón romano (opus caementicium), por poner ejemplos bien conocidos donde función estructural y función envolvente coinciden. 

En realidad, aunque parezcan tradicionales y antiguas sólo las envolventes pesadas, también son tradicionales y antiguas las envolventes ligeras: pensemos en el uso de la madera, o en la gloriosa construcción gótica y su luminosa desmaterialización de las fachadas. En nuestra época, esa “desmaterialización” del “less is more”, menos es más, puede ser un imperativo estético, pero también viene reclamada por conceptos sostenibles que tiendan a reducir el consumo de recursos. Y disponer menos masa de materiales es lógicamente una forma sencilla y directa de construir más sosteniblemente. Otra será mover esos materiales la menor distancia posible desde donde se extraen y fabrican hasta el edificio en construcción. Y aún otra será fabricar con materiales, productos y elementos constructivos que, en vez de ser demolidos, puedan ser desmontados y reutilizados en otros edificios, o reciclados para nueva fabricación, siguiendo las pautas de una economía “circular”. Por fin, rehabilitar edificios en vez de demolerlos para levantar otros en su lugar permitirá un importante ahorro de consumo de recursos y energía. En ese objetivo común de reducción de impactos ambientales, Danosa, mostrando su pro-actividad, viene desarrollando las Declaraciones Ambientales de Producto (DAP), basadas en el Análisis de Ciclo de Vida (ACV). Se pueden consultar en nuestro sitio web y en el Registro de Materiales del Green Building Council España (GBCE).  

Foto 2.

La búsqueda de una elevada eficiencia energética de los edificios sigue esa directriz de aligeramiento del “abrigo” de la envolvente del edificio, que no por ello abriga menos, sino al contrario, más. En efecto, el desarrollo propiciado por la industria fabricante de aislamientos térmicos, ha llevado a generalizar el uso de estos productos de construcción “especializados” en “filtrar” adecuadamente la energía a su través. La ligereza acompaña a estos productos, pues si aíslan es porque “encapsulan” en una matriz o estructura sólida (de fibras o  de células, a modo de “espuma”) lo que más aísla: un gas, a poder ser simplemente aire. Y ese gas representa más del 95% del volumen del aislamiento térmico. 

No nos dejemos llevar sólo por lo más visible de los edificios, sus superficies verticales, es decir, las fachadas. La “envolvente” está formada también por superficies horizontales, cubiertas y suelos, e inclinadas, tejados en la idea más habitual.  

Foto 3.

Productos y soluciones

De hecho Danosa proporciona productos y soluciones para tratar y mejorar toda la envolvente del edificio, tanto fachadas, como cubiertas, suelos y cerramientos en contacto con el terreno. 

Ese enfoque integral nos permite una visión comprensiva de las necesidades y requerimientos de habitabilidad para alcanzar el bienestar en edificios y viviendas. Habitabilidad que queda reflejada en el Código Técnico de la Edificación (CTE) en tres de sus Documentos Básicos: Salubridad (DB-HS), Protección frente al Ruido (DB-HR) y Ahorro de Energía (DB-HE). 

Y que queda reflejada igualmente en la actividad de Danosa, con larga experiencia:

• En la fabricación de productos y soluciones para la estanqueidad, impermeabilización y protección frente al agua, con gamas tanto de láminas de betún modificado, como de PVC y líquidas (poliurea), y productos complementarios como drenajes y geotextiles. 

• En la fabricación de productos y soluciones para el aislamiento acústico. 

• En la fabricación de productos y soluciones para el aislamiento térmico, con gamas de productos de poliestireno extruido (XPS) y poliisocianurato (PIR). 

Foto 4.

Concluimos precisamente el presente artículo con una exposición de los puntos principales que hay que mirar en la envolvente, vista como filtro energético proporcionado por los aislamientos térmicos:

• Las envolventes actuales son todas de masa relativamente pequeña. Instalar aislamiento térmico mejora su estabilidad térmica. Es decir, la inercia térmica no es alternativa a aislar: aislar también mejora la inercia térmica de la envolvente.

• Según las condiciones climáticas locales, en la mayoría del territorio español y en la mayoría de construcciones, el espesor óptimo de aislamiento térmico para un Edificio de Energía Casi Nula (EECN), se sitúa en un rango entre 6 y 16 cm en fachadas, suelos y cerramientos en contacto con el terreno, y entre 8 y 20 cm en cubiertas y tejados. Así se consigue reducir las pérdidas de energía a través de la envolvente incluso más de un 90%.

• Aislar por el exterior de la fachada es preferible ya que se maximiza la inercia térmica del soporte y, además, es más sencillo evitar los puentes térmicos o reducir su impacto. En las fotos 1 y 2 se muestra un ejemplo de aislamiento de planchas Danopren FS de XPS, las cuales forman parte del sistema Danotherm para SATE (Sistema de Aislamiento Térmico por el Exterior) de Danosa. Subrayemos que posiblemente Danosa es el único fabricante que fabrica los cuatro componentes básicos de un SATE: 1.- Adhesivo, 2.- Aislamiento térmico, 3.- Capa-base de mortero y 4.- Revestimiento. En general, los SATE son suministrados por empresas que no fabrican aislamientos térmicos. 

• La envolvente térmica de los EECN y las Passivhaus incluye también los cerramientos en contacto con el terreno, con instalaciones hasta ahora excepcionales, pero que llegarán a ser habituales, como el caso de aislar losas de cimentación (fotos 3, 4 y 5, con planchas de XPS Danopren TR). 

• Los aislamientos térmicos sensibles a humedad se deben instalar con las protecciones debidas ante agua líquida (lluvia, terreno), más aún si hay riesgo de heladas. Si, además, son sensibles a la difusión de vapor de agua por excesiva permeabilidad o “transpirabilidad”, como también se suele referir, se deberán proteger igualmente con “barreras de vapor”. Aunque el aislamiento sea demasiado transpirable y requiera barrera de vapor, casi nada transpirable claro está, esto no es un problema. 

El concepto correcto de permeabilidad o “transpirabilidad” es a partir de la cara fría del aislamiento térmico hacia el exterior, para permitir que cualquier vapor de agua que pueda saturar (condensar) en ese punto, pueda evaporar o secar (“transpirar”) fácilmente al exterior. Con las planchas Danopren de XPS no se precisa barrera de vapor, pues su propia resistencia a la difusión del vapor es equivalente a su resistencia térmica, en una muestra de comportamiento “armónico” frente a los dos flujos, de energía y de vapor, que evita el riesgo de condensaciones en la envolvente. Es decir, la menor permeabilidad (“transpirabilidad”) evita que llegue excesiva cantidad de vapor a la cara fría del aislante, suprimiendo así, en la gran mayoría de casos, el riesgo de condensaciones intersticiales. 

Foto 5.

Datos del autor
Nombre Carlos Castro Marín
Empresa Danosa
Cargo Arquitecto. Responsable de aislamiento térmico, drenajes y geotextiles y coordinador para certificación.
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