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23/11/2021 / Albert Grau / 7.924

La resiliencia al fuego, un factor olvidado en los fondos Next Generation

La sostenibilidad ya no es una tendencia o una posición de algunos visionarios que quieren “mover la caja”. Se ha convertido en el nuevo statu quo y en el sector de la edificación no existe alternativa. Pero el debate se inicia cuando intentamos definir qué es la sostenibilidad. Todos nos acercamos al concepto bajo nuestros intereses, mediante aquello que hacemos en nombre de ella, pero ¿en nombre de la sostenibilidad vale todo? A fecha de hoy, la sostenibilidad es una ecuación multivariable que no tiene una solución única y ésta depende de las condiciones del entorno.  

 

Para lograr edificios más sostenibles acostumbramos a poner foco básicamente en la energía y en la huella de carbono: reducción de la demanda energética, origen de la energía primaria, energía embebida en materiales, análisis de ciclo de vida (con todos sus estadios intermedios), uso de materiales circulares, uso de materiales con contenido reciclado, etc. Todos seríamos capaces de escribir al menos unas 10 variables más, y todas ellas relevantes, pero no suficientes por sí mismas. ¿Pero cuántos de nosotros haríamos la lectura al revés y tras ver un “edificio sostenible” nos preguntaríamos si sería sostenible tras un incendio?

 

El impacto medioambiental de un edificio incendiado, un eje clave 

La naturaleza tiene sus mecanismos para regenerar las consecuencias de un incendio en ella, pero la sociedad no los tiene para que los impactos de un edificio incendiado sean despreciables: la contaminación del aire con emisiones directas de CO, CO2 y de otros gases, algunos altamente tóxicos, así como la liberación de partículas y restos de materiales quemados que terminan depositándose en el suelo o acuíferos; las labores de extinción implican un gran consumo de agua, y su filtración con agentes extintores también debe considerarse por su efecto perjudicial; sin olvidar qué en gran parte de los casos, el edificio acaba siendo demolido y sus materiales llevados a un vertedero sin poder ser reciclados.  

En nuestra retina aparecen edificios recientemente incendiados, Londres, Madrid, Milán…. En estos edificios, el factor común es el uso de materiales/productos combustibles en la fachada que no han podido detener la propagación, más bien al contrario, y han generado graves daños sobre personas o bienes. 

Igual sucede con naves industriales, que ante la proliferación de las instalaciones fotovoltaicas en su cubierta en pro de la “sostenibilidad energética” se han convertido en un riesgo del que las aseguradoras huyen a causa del incremento de los incendios en ellas.

El extremo de la situación lo encontramos en Londres. Aquellos propietarios de viviendas en edificios que tras su “rehabilitación energética” han quedado con la misma solución constructiva en fachada que la conocida Torre Grenfell, ahora tienen un valor patrimonial de “cero libras”. Así ha respondido una sociedad como la inglesa ante poner en riesgo sus vidas: ¡esa vivienda, no vale nada! El Gobierno UK ha tenido que destinar unos fondos para adaptar los edificios de su propiedad a una nueva normativa más limitante, pero no tiene claro qué hacer con los que son de propiedad privada.

 

Una asignatura pendiente en el parque edificatorio español

Mientras tanto, en España, en el Real Decreto recientemente aprobado en octubre se detallan los programas para el uso de fondos europeos en la rehabilitación. Entre ellos, se incluye el Libro del Edificio Existente y cómo éste debe servir para definir su ruta hacia la sostenibilidad, pero sin considerar a la resiliencia al fuego como un avance hacia la sostenibilidad.

Consideramos también un grave error, aunque subsanable, que estos fondos que deben dinamizar un sector hasta multiplicar x10 los ritmos actuales de rehabilitación, no tengan al menos una línea de ayudas para evaluar aquellos edificios que se construyeron o rehabilitaron antes de la existencia del CTE en 2006, pues su seguridad puede verse claramente comprometida.

Algunas cosas no tienen por qué ser complicadas. La gente prefiere, naturalmente, vivir o trabajar en edificios altos protegidos por un aislamiento que no se queme, en lugar de usar aislamiento que sí se quema.  

Datos del autor
Nombre Albert Grau
Empresa ROCKWOOL Peninsular
Cargo Public Affairs Officer
Biografía
Art. Online
Entrevistas
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